La simplicidad es renunciar, pero también es un gran hallazgo; la verdadera simplicidad no solo nos devuelve a lo esencial, sino que también nos permite comprender la tolerancia.

La filosofía de vida que BOSNIE promueve consiste en eliminar lo superfluo y optar por lo sencillo, encontrando la autenticidad en la sencillez. Con una actitud vital clara, segura y serena, se experimentan las emociones más sutiles; mediante un gusto refinado se perciben la vestimenta, la alimentación, el hogar y los desplazamientos, flotando con ligereza entre la calidad de los materiales y una tranquilidad plácida.


A través de una reflexión multidimensional sobre el espacio, exploramos las distintas dimensiones de la vida y las necesidades más adecuadas para cada hogar; asimismo, deseamos que, más allá de las apariencias superficiales, podamos mirar con mayor profundidad: no solo desde el plano del diseño, sino también para llegar a sentir la autenticidad de la vida misma.

La estética va cambiando gradualmente con el paso del tiempo. Al principio, quizá nos sintamos atraídos por lo llamativo y fácil de comprender; con el tiempo, sin embargo, vamos descubriendo que, en realidad, la “simplicidad” es un arte y una filosofía forjados por la propia experiencia cotidiana.

Se busca conectar las zonas adyacentes mediante una reorganización, intentando trascender los límites establecidos y creando nuevas configuraciones que, integradas con las actividades diarias, permitan establecer relaciones más diversas y liberar el potencial del espacio.

Tomando en cuenta la experiencia emocional de los habitantes, pasamos a reflexionar sobre la imagen que proyecta el espacio, prestamos atención profunda a la vida cotidiana y, poco a poco, llegamos a una reconsideración inversa del lugar en el que vivimos; finalmente, al integrar este contexto interior, narramos su estado habitual.


Preservando las funciones específicas, optimizamos las interfaces espaciales, fomentando así relaciones más dinámicas entre áreas contiguas y reforzando las variaciones emocionales que el día a día genera en los residentes.

La interacción escénica entre el espacio y sus usuarios. Se intenta redefinir la función de los ambientes unidireccionales, dotándolos de mayor capacidad de comunicación e interacción, para así poder disfrutar mejor de las diferentes experiencias que el espacio ofrece en la vida cotidiana.

Con el uso del vacío como herramienta, se ordenan las relaciones espaciales habituales, registrando cada escena que se desarrolla y conservando las huellas y marcas que quedan tras su paso.

Abrir supone una segunda interpretación después del cierre de las fronteras espaciales; además, permite considerar de manera más amplia las distintas dimensiones del pensamiento espacial, dejando que el propio espacio hable por sí mismo, restituyendo la naturaleza inclusiva que le es propia, mientras se verifica, en sentido inverso, la capacidad de adaptación del espacio y, tomando en cuenta las necesidades funcionales, se logra una coherencia aún más completa.

Se busca reflejar y narrar lo cotidiano a partir de la plasmación de las múltiples dimensiones del espacio, reavivando la construcción y el descubrimiento de emociones que han sido definidas. Se intenta integrar y registrar, en el ámbito espacial, los recorridos habituales de la vida vivida, incorporando al proceso acumulativo de lo cotidiano un mayor valor derivado de las experiencias retroalimentadas.


