Con la filosofía de la dinastía Song —“la máxima sencillez es el verdadero lujo”— como pincel, se evoca el silencio del paisaje y el vacío del espacio, mientras se incorporan las sombras del bambú y el susurro del viento entre los pinos. En este espacio, las paredes blancas actúan como lienzo, las maderas danzan en forma poética y piezas de porcelana azul y blanca, de elegante sobriedad, salpican el ambiente; la luz y las sombras se filtran a través de celosías, como un rayo de luna que atraviesa los siglos. Las líneas despojadas y esenciales trazan el temple del erudito, y entre lo circular y lo angular se encierra toda la filosofía vital de “tranquilidad, elegancia, sencillez y serenidad” —no se trata de reproducir los símbolos de los antiguos textos, sino de permitir que la estética Song cobre vida y respire en el espacio contemporáneo, para, en un mismo universo, encontrar ese refugio oriental donde la antigua gracia y el sentido actual danzan al unísono.








