Antes solía pensar que la sensación de lujo dependía únicamente de gastar más dinero; ahora he descubierto que el verdadero lujo del neochino radica en una elegancia discreta, que a medida que la contemplas va ganando profundidad y carácter. Es cálido, sereno y lleno de buen gusto; tanto para las reuniones familiares como para las comidas cotidianas, ofrece al mismo tiempo una experiencia visual y gustativa plena, envolviendo los sentidos en el arte de la belleza.








