El buen gusto es la manifestación de las pequeñas atenciones en la vida; un espacio donde se entrelazan una búsqueda artística refinada y un alma interesante y rica resulta verdaderamente inolvidable.

Cuando el espacio carece de apoyo visual y se desea expresar textura, utilizar molduras de yeso para difuminar las formas, sin ceñirse a reglas rígidas, es la mejor manera de resaltar el fondo.

Por ello, en el diseño del salón, el arquitecto evitó la acumulación excesiva de adornos y optó por líneas sencillas, materiales cuidados y un papel pintado con historias, plasmando así un nuevo estilo de vida.




En el hogar, el amplio uso de tapicerías textiles combina lujosas superficies de tela con delicadas técnicas artesanales, creando un ambiente que, como una sombra, refleja plenamente una elegancia ligera pero sofisticada.

El comedor adopta un tono noble y elegante, en perfecta armonía con el resto del espacio; discreto y sin ostentación, su techo cuadrado dialoga con la mesa, realzando un ambiente romántico.


El dormitorio principal presenta un amplio diseño tipo suite, que integra baño y vestidor. La habitación principal utiliza puertas correderas de vidrio como separador, lo que otorga mayor luminosidad y amplitud al espacio, potenciando aún más la sensación de continuidad visual.


De manera madura y sobria, este diseño permite dejar que la mente flote libremente, al tiempo que aísla el dormitorio del conjunto espacial, ofreciendo una tranquilidad propia de un rincón apartado.


