El mobiliario de la sala de lectura está impregnado de un aire antiguo; los libros se disponen con orden y armonía, y su sutil tonalidad madera envuelve el delicado aroma de las páginas, calmando al instante la mente. Solo cuando la lectura se convierte en un rincón de descanso cotidiano comprendemos que un buen espacio de lectura no busca exhibir una colección, sino ofrecer esa libertad de tener todo a mano, para abrir un libro en cualquier momento y encontrarse con uno mismo en plena sinceridad.








