Un diseño a medida en el que la madera y el blanco se entrelazan, como si la casa se envolviera en una cálida manta de lana. La pared completa dedicada al mueble de TV combina espacios cerrados para el almacenamiento, manteniendo la encimera siempre impecable y despejada. Lo más sorprendente es el asiento‑banco del balcón: bajo el asiento también hay espacio de guardado; los fines de semana, mientras uno toma el sol, todos los objetos quedan “escondidos” en el armario, dejando solo el limpio contraste del blanco y la madera, junto con la danza de luces y sombras. Esta sutileza de integrar el almacenamiento en el diseño convierte la vida diaria en momentos de auténtica serenidad.








