Si tienes la fortuna de haber vivido en París cuando eras joven, entonces, dondequiera que estés en el futuro, París siempre te acompañará, porque París es un banquete ambulante.” — Ernest Hemingway

Expresar una sencilla atmósfera francesa no resulta nada fácil; a menudo es más complejo que un diseño excesivamente ostentoso. Por ello, en la planificación del salón, el diseñador combina delicadas molduras de yeso con materiales metálicos para equilibrar la riqueza visual, incorporando además una paleta de colores en blanco y negro que logra una armoniosa fusión entre lo rígido y lo suave.

Alguna vez soñamos: soñamos con el amor, con los ideales, con el viento y con la buena comida. Así, el comedor se convierte en el refugio de nuestras expectativas; la figura ocupada alrededor de la mesa hace que las pequeñas rutinas cotidianas se vuelvan más livianas, mientras que los nervios y la irritación se diluyen en el aire y se evaporan entre las brumas aromáticas.

En cuanto al diseño, se abrió el balcón, ampliando así la superficie de la cocina y la zona de preparación, e incluyendo una barra de agua independiente y un área para desayunar, creando un espacio social abierto. De esta manera, los jóvenes pueden reunirse ocasionalmente con unos cuantos amigos, añadiendo así más posibilidades a su vida diaria.
¿Quién habita allí, en lo profundo del bosque? Unas pocas luces titilan en la penumbra.” Aunque la vida pueda estar llena de dificultades, la cocina sigue siendo la utopía capaz de sanar el alma.

En la distribución del dormitorio principal, el diseñador diseñó una suite integrada que combina vestidor y baño, optimizando así la circulación interior.

El vestidor adopta un diseño vertical de dos cuerpos, con un mueble especial para joyas en el centro, lo que maximiza el espacio de almacenaje y evita que el polvo se acumule tanto en la parte superior como en la inferior.

En el baño principal se eliminó la ducha, quedando únicamente la bañera, el inodoro y el lavabo; este espacio está pensado principalmente para la propietaria, mientras que el propietario utiliza el baño de visitas.
Siguiendo la línea de las molduras de yeso presentes en todo el espacio, el segundo dormitorio adquiere mayor profundidad y dimensión. Una pequeña cama ofrece un rincón acogedor donde descansar y recuperar fuerzas tras una jornada agotadora.

Regresando a lo esencial, se introduce discretamente en la vida el encanto romántico francés, con un ritmo equilibrado de avances y retrocesos: a veces saltando, otras impregnando, y en ocasiones desprendiéndose.
Incluso en el más pequeño de los espacios, hay que trazar pequeñas sorpresas.


